lunes, 28 de marzo de 2016

50º Festival de la Canción de Viña del Mar, 2009 (comentario)


Ricardo Montaner

Aunque Chile se da a conocer como un pueblo muy religioso, es extraño que como tal, perdone a un artista que hable mucho de Dios en sus presentaciones. Es como si éste cayera en grave pecado al tocar el tema y prontamente es descalificado por muy buen artista que sea.  Así ha ocurrido con chilenos y extranjeros a lo largo de un tiempo en que he puesto atención a la parte artística. No quiero ni mencionar la enorme oposición, por la misma razón, que recibió el excelente hombre y artista Ricardo Montaner. La conducta diversa frente a Santana, debe tener una connotación fluctuante entre la admiración y la ignorancia, en circunstancias que al artista no sólo se le perdonó que transformara el centro de eventos en una especie de culto religioso, sino que también se pasó por alto que se expresara con graves torsiones idiomáticas. He buscado en la prensa, hasta en los más pequeños rincones, por si alguien criticaba esto y aquello… pero nada. Se le perdona entonces, por unanimidad.
Tampoco se criticó con sinceridad, la presentación de un excéntrico millonario chileno, que siendo extremadamente dadivoso con su dinero, regalándolo por las playas, restaurantes y la misma Quinta Vergara donde se hace el Festival, supuestamente en retribución, se le permitió usar el escenario sin un profesionalismo actualizado, haciendo un triste papel musical, aparentemente inadvertido o cubierto con su gracia financiera. Es una bonita persona el muchacho, lo que no quita su falta de preparación en ciertos  ámbitos.
Por otro lado, una de las varias tradiciones festivaleras, amenaza con matar o abortar la carrera de cantante a más de algún Rey o Reina del certamen. Cada año, los elegidos por la prensa, deben lanzarse a una piscina en trajes de baño lo más diminutos posibles, con lo cual sellan sus respectivos triunfos. Sin embargo, los organizadores olvidan cada año, que en las últimas semanas de febrero el otoño pugna por ser parte del espectáculo en medio del mismísimo verano, enfriando notoriamente el ambiente climático de Viña del Mar. De tal manera, la recién galardonada reina, la preciosa, simpática y digna Catherine Fulop,  amaneció enferma, justamente cuando el motivo de su presencia en Chile llegaba a su punto cúlmine: Deliberar sobre la competencia como miembro del Jurado.
Respecto al  denominado “monstruo” del festival, que no es otra cosa que un público manipulado por la prensa, cada año se devora a más de un artista, sencillamente por capricho, ya sea  motivado por su furia al no extenderse una presentación previa; por nacionalidad de los exponentes (recibiendo pifias xenofóbicas incontroladas) o sencillamente para divertirse demostrando su poder  tras ver el azuzamiento de la prensa: “el monstruo está manso como gatito”. Este absurdo e ilícito poder, se ejerce sobre conocidos y desconocidos talentos musicales del mundo, quienes se someten ante esta ridícula majestuosidad, con las rodillas dobladas, tiritonas e inseguras.  
Por último, los periodistas que cubren el evento, deberían presentar sus currículos en Wall Street, ya que con la visión futurista que aparentan tener, tal vez mejorarían las actuales circunstancias de la economía mundial. Así se manifiesta con la concreción de sus pronósticos traducidos a frases como: “se prevé esta noche, que fulanito arrasará con la aprobación del monstruo” o… “Esta noche, el monstruo, sin duda se devorará a fulanita”.  Y nadie se siente manipulado. ¡Que bien! La idiotez pública nos hace felices a pesar de todo.
Sin duda, después de las espléndidas representaciones de los clásicos ganados cada año, lo mejor de este Festival 2009, fue Joan Manuel Serrat y la presentación agridulce de la banda británica Simply Red.  Digo agria porque anunciaron su disolución y dulce….  Bueno, la mejor explicación se consigue escuchándola: Simply Red


Primavera Silva Monge
Febrero 2009

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