Las Leyes ya no se complementan, ni se quieren entre sí. Es más, se aplastan. Me acuerdo clarito cuando me casé que dijeron que los cónyuges se debían asistencia mutua, especialmente en las malas… sin embargo, esta mañana en una entidad pública, me han dicho lo contrario y que aquel mandato no es válido. Tan apegada a la ley, para que la ley me desfavorezca frente a otros que ni siquiera piensan que es bueno respetarla.
Corriendo el riesgo de ser multada por ausencia en mi lugar de trabajo, por cuarta vez cual cuento del tío, voy al SII para intentar timbrar mis nuevas boletas. Antes de eso, supe que debía acreditar que me cambié de un quiosco a otro, trámite que uno hace virtualmente en el mismo SII, pero que se debe acreditar con papeles en vivo... llevar papeles y papeles. Es decir, de nada sirve tener Internet, para nada fue válida la visita de una inspectora a fiscalizarme el mes pasado. Pareciera ser cada persona del SII fuera un organismo aparte y particularmente poderoso: muchos SII chiquitos que amedrentan, cada cual a su criterio y forma, manipulando con requerimientos inútiles y burocráticos. Así, a la antigua, como los tiempos de los manguitos para no ensuciarse los puños con la tinta, me fueron pidiendo papeles diversos a diario. Cada día una novedad. Al final, ya con harta impaciencia y no pudiendo justificar tanta falta en mi lugar de trabajo, decidí llevar mi archivo gordo de petete completo. Cuando la señorita mira el contrato de arriendo ( lo último que me pidieron el otro día) me pregunta o “exclama con tono de interrogación”: ¿La boleta del Notario?
¡¡¡¡!!!
Lógico que me sorprendí y además, me enojé con su “cara de poker”. Le dije: “¡Nooo! Usted me está tomando el pelo. Me voy a quejar” Y ella muy segura de sí misma me siguió y amablemente me presentó a su supuesto decapitador, frente a quien negó la solicitud, que solamente “exclamó algo” que yo interpreté mal. El tipo terminó tratándome como si yo fuera una ladrona, diciendo a modo de buenos días:
- “Usted no está dando boletas”. Hace muchas compras y no se reflejan en ventas. Le explico:
- Es que yo compro materiales, pues soy artesana.
- Pero son muchas compras (cinco compras fijas al mes). Le re-explico:
- Es que debo comprar cantidades convenientes para que me salga a cuenta hacer las artesanías. Le agrego un ejemplo: Si vendiera tortas y comprara ene cantidad en materiales, no podría vender los huevos, el harina y el agua por separado a la gente. Lógicamente compraré los ingredientes por cantidades comercialmente convenientes. Compro mil, pero no puedo tener los mismos mil de venta en el mes. Pero nada… Duro de cabeza, pero hábil para molestar:
- ¿Con qué plata compra?
- Con la que me da mi marido.
- Ah, eso no es legal, así que busque un contador que la aconseje.
- ¿¿¿¿??? ¿Acerca de qué tienen que aconsejarme? Estoy haciendo lo correcto. Compro con facturas y vendo con boletas.
Insiste en que no doy boletas, que eso se refleja en su pantalla. O sea, me insultó reiteradamente con el respaldo que seguramente le otorgará su título de inspector. Le dije que debería venir y ponerse de punto fijo en mi negocio para que viera lo que ahí sucede, que yo tengo la conciencia limpia y que me parecía injusto su tono descalificador y ofensivo. Me defendí harto, pero igual me insultó de entradita y me mando de vuelta con ganas de morirme de impotencia frente a la injusticia…
Todo por ir a timbrar boletas. ¿Para qué mierda voy a timbrar boletas si no quisiera darlas? Gente estúpida, cuadrada y prepotente.
Me da la sensación, que es sumamente digno de suspicacias el tener todo en orden. Igual me sucede con los créditos: Como no debo nada en ninguna parte, no soy objeto de crédito alguno. No pueden ver “mi conducta” crediticia. ¿Es que son ciegos? Ésta es mi conducta: Soy sumamente ordenada por formación y por entretenimiento, además de ser responsable y previsora. Por eso no tengo deudas. Pero noooo, es raro que alguien tenga las cosas “TAN” en orden, así que hay que puro asustarlo, amedrentarlo e insultarlo por si suelta la pepa de alguna "yayita". Esa es la política de ahora: Torturar a los microempresarios que queremos hacer las cosas correctamente, mientras acarician a los grandes estafadores con perdonazos. A ellos no se atreven a ladrarles... porque se quedan sin pega. ¡Una mierda!
Primavera Silva Monge
No hay comentarios:
Publicar un comentario