Soy Chiisai Aki ("pequeño otoño" en japonés) un perro callejero que fui maltratado por manos inhumanas hasta el colmo de haber quebrado mi colita. Mi edad, según cálculos de mi madre adoptiva, es cercana al año. Mis travesuras, la falta de experiencia y habilidades, mis dientes y pelaje dicen mucho menos, sin embargo, la planta de mis pies dañados de patiperrear hacen pensar -incluso- que puedo tener cerca de dos años humanos, lo que significarían 24 años perrunos. Pero…. me gusta tanto juguetear, que no creo ser tan mayor… aunque mis padres también son muy juguetones y pienso que tienen algo más de dos años…
Llevo exactamente un día en la casa adoptiva. Una chica llamada Débora me recibió después de haber sido rescatado de un maltrato antojadizo y me puso en adopción. Otro chico llamado Roberto hizo los anuncios con la gran oferta de mi linda estampa, como también lo hizo con otras perritas. Como mi mamá quería una hembrita, dejó que papá decidiera mediante nuestras fotografías. Logicamente me eligió a mí por mi bella mirada manipuladora de afectos, que las otras cachorritas aún no conocen.
Mamá supo por la mañana de la oferta de adopción provisoria, estuvo casi tres horas tratando de comunicarse, pero los números no servían… el tío Roberto aún estando enfermo se preocupó hasta comunicarse con Débora y le dio el teléfono de mamá, quien quedó de ir al día siguiente, sin embargo, como papá llegaba más temprano, aprovecharon de partir con una dirección mal anotada, con escaso dinero para taxi, que salió 7 veces más de lo previsto.
Cuando llegué, muy tímido, recorrí de inmediato toda la casa empezando por el baño. Prepararon la tina y me dieron un baño delicioso, calentito y con masajes sabrosos. Terminaron de secarme bien, me improvisaron un collar y una correa y me sacaron a hacer pipí. Cuál no sería mi sorpresa, que cuando volvimos los tres, ya tenía mi comida casera que por la tarde preparara mamá antes de ir a buscarme. Se trata de una antigua receta dada por los veterinarios sabios e investigadores responsables de antes: Dos porciones según mi peso, distribuidas durante el día, de una mezcla de tres tercios: una de carne, otra de arroz y otra de verduras. Muy rica. Luego de comer yo y mis padres por otro lado, jugaron un buen rato conmigo. Se suponía que dormiría donde me sintiera más cómodo, sin embargo mi papá me fue a buscar al living y me llevó a la cama donde dormimos los tres juntos, despertándolos de vez en cuando con pataditas y cada vez que paraba mis orejas al sentir ladrar perros del vecindario. Les cambié la hora de despertarse a las cinco de la mañana y se veían realmente felices.
Hasta ahora piensan que soy mudo, pues no ladro ni emito ruidos tales como los conocidos “wof” y otros. Esta mañana tuve mi primera sacada a pasear mañanera por mi mamá. Por una media hora corrí, salté y comí pasto según mi sabiduría perruna, aprovechando de hacer mis necesidades biológicas, las que mamá cogía con guantes y las coleccionaba en una bolsa. ¡Hasta donde ha llegado el reciclaje!
Durante el paseo del medio día, al mirar hacia el parque Los Reyes, se me antojó atravesar la caletera de alta velocidad y tiré de la cuerda, pero mi mamá me la recogió cual rienda. Eso me molestó mucho, por lo que quise desvincularme inmediatamente de ella y traté de sacarme el collar para devolvérselo y que ahí terminábamos… pero un profundo y fuerte ¡NO! me inhibió la escapada y enojó el rostro de mi mamá quien dio por terminado el paseo. Escuché como me acusó con papá así que seguí molesto e intenté hacer muchas travesuras, tales como mordisquear el control remoto, el teléfono inalámbrico, los posavasos, el mueble de mimbre, etc. Me hice pipí en el pasillo y de ahí no se me ocurrieron más cosas, así que decidí dormir un rato. Le pedí upa a mi mamá y estuvimos un buen rato abrazados. Ella está consciente de que la vida perruna corre por otro carril de mayor velocidad que la humana, por lo que mis maldades quedaron en un pasado lejano para mí y ya ni las recordaba. Acordaron que mañana me compraría otro tipo de correas para cachorros traviesos, que se llama arnés o algo parecido, con el que deberán adiestrarme para mi futuro.
Mamá tenía temor de sacarme a la tercera vuelta del día, pero lo hizo con cuidado. La vi tan segura de sí misma, que quise hacerle la travesura de morder la correa para soltarme, justo al ir llegando a casa. Error. Llegó enojada, así que me fui solito a mi cuartel. Por suerte, su cámara había quedado sin pilas y no pudo registrar mi atrevimiento.
Mamá sabe varios secretos de los cachorros, como cuando queremos hacer pipí o caca, cuando nos duele la guatita y hasta una sorpresa que le tenía a papá la descubrió, disipando todas las dudas que tenían hasta este momento, en que se acerca la segunda noche en mi nuevo hogar. Al conocer esta sorpresita que yo les tenía, mi mamá me perdonó las travesuras porque supo definitivamente, que soy todo un cachorro entre 6 y 8 meses solamente. Es decir, a penas 10 añitos perrunos y no 24 como suponían por mis patitas ásperas. ¿Cuál es la sorpresa? Mi papá me subió arriba de la cama, que tiene una altura más o menos un metro y jugando, saltando, mordisqueando, etc., de pronto me pongo a masticar “algo”. Mi mamá dijo: “Cuando mastican así, a veces son los dientes de leche que van perdiendo y se los comen…” ¿A ver? Dijo el papá, para que vieran qué tenía en la boca. Mamá me la abrió, yo colaboré con mi docilidad doméstica y… ¡SORPRESA! Les grité mediante unos “wof” bajitos, mientras saltaba de contento. Papá, sorprendido con lo que supuso ladridos, me abrazaba y besaba. Mamá se puso los anteojos y gritó sorprendida y contenta: “¡Un diente de leche!” Y volvieron a abrazarme, a hacerme cariño y a darme besos. Incluso, por la cara de mamá, supe que me había perdonado todos mis pecados de una buena vez, pues ya sabe que soy un cachorrito pequeñito, pequeñito, pues la dentadura definitiva se nos completa a los 8 meses y si todavía la estoy perdiendo… significa que soy una guagüita todavía. Bueno, eso ha sido todo un día al lado de mis provisorios padres adoptivos. Me han tomado fotos de todos mis movimientos y también grabado videos. En resumen, podría decir que estamos todos locos de amor por todos.
El sábado, tal como lo prometido, mis papis salieron temprano a comprarme un arnés para pasearme con seguridad. Me pusieron en la parte delantera de la bici de mi papá y fue bastante extraño caminar sin dar pasos. Toda la gente me encontraba lindo ahora que tengo papis, que deben ser algo así como un producto de belleza para usar a diario, porque los piropos no cesaban. Fuimos a Matucana, a las ferreterías, donde antiguamente vendían cosas para perritos, sin embargo no encontramos nada. Buscamos en otras y otras y tampoco. Llegamos al supermercado y mientras yo esperé afuera con mi papá, la mamá se fue corriendo a la sección de accesorios para mascotas pero tampoco encontró lo que queríamos. Había solamente ropas tipo humanas, huesos de mentira con distintas formas, correas para perritos grandes y otros juguetes extraños. No hubo caso. Una vez que la mamá apareció por esas puertas mágicas, decidieron ir a una veterinaria cercana. Me compraron el único que había y que me quedó un poco grande, pero no había caso. Al rato salimos a estrenarlo yendo nuevamente a comprar al mismo sector, pero ahora productos para las artesanías de mi mami. Por el camino, muchos perros grandes, que me recordaron a mi madre biológica, venían a mí a olfatearme, lo que preocupó bastante a mis papis, por posibles contagios o supuestos abusos de confianza, según lo que entendí. Fue muy entretenido oler los árboles y cada cuneta con olor a los de mi especie. Tras comprar mi carne en la carnicería, mis artículos de aseo en el supermercado y asuntos de ferretería llegué tan alborotado y juguetón, que cuando papá sin conocer mis síntomas me subió a la cama para jugar, me hice pipí en ella, causando gran alboroto por aquello de la frazada eléctrica. Ahora ellos quedaron alborotados y yo jugué al “un dos tres momia es” por si acaso. Me tomaron fotografías como de costumbre y transcurrió un día bien activo, sin grandes novedades, fuera de oír a la gente al paso decir tantas cosas lindas de mí, como que suave mi pelaje, que linda mi mirada, que exquisito perrito, etc. Mamá se dio cuenta de que no me gusta el agua y eso debe ser un síntoma extraño, ya que después de ver el valor de la consulta veterinaria, se puso de cabeza a seguir estudiando conductas de cachorros frente a la una y mil causas.
Llegó el domingo, segundo día de la semana a cargo de mi papá en cuanto a los paseos. Sin avisarle a la mamá cambió la trayectoria anterior y mamá por la ventana “barría” las calles con su cámara para tomar fotos pero no nos vio. Papá decidió llevarme al parque al que quise cruzar el primer día y disfruté mucho, mucho, especialmente que me salí del arnés como la palta de los sánguches y corrí a todo dar por la amplitud verde forestal. Yo estaba feliz, pero mi papá quedó con cara de espanto pensando en la posibilidad de que me hubiera salido de mis correas cruzando la calle o algo así. La misma cara de espanto tenía mi mamá en casa, que hacía una hora ya había entibiado mi comida y me buscaba por las ventanas del oriente y poniente, del norte y el sur y no nos veía, pero sí a otros papás con otros hijos perrunos que andaban en lo mismo que nosotros con papá. A pesar de lo que corrí, de lo que me cansé, seguí sin tomar agua. Aún no saben si por lo mala que es de sabor o porque tengo síntomas de hidrofobia. Van a averiguarlo el lunes a primera hora, cuando también intenten cambiar el arnés grande sin boleta de recuerdo por el servicio.
Este mismo domingo conocería a otra parte de la familia, mi hermana humana que tiene una nieta perruna llamada Pompón. Es chiquitita, blanca, peluda y de unos cuarenta y cinco años perrunos a quien no le gusta jugar y en cuya casa comencé a marcar territorio para delicia de mi madre, que limpiaba sonrojada por aquí y por allá, todas las huellas de pipí que yo iba dejando. Lo pasé muy bien con el nieto menor de mis papis, que también es cachorrito. Quedé invitado para su séptimo cumpleaños el próximo domingo. En esa casa probé la comida para perros industrializada y me gustó, pero mamá no quiso que me dieran una porción porque teme que me acostumbre y teme al cáncer que pueden producir. En la casa de mis nuevos parientes había muchas puertas con sus respectivos cuartos donde trajinar zapatos, ropa interior y demás utensilios descuidados en día domingo por la mañana. Todo eso me tenía muy loquillo saltando, ladrando y corriendo por todas partes con mis chorrito mágico, que desaparecía bajo el manto de papel toalla de mamá. Fue una tarde larga y entretenida para mí, pese a que la familia enfrentaba una situación delicada, pero no me impregnaron de ello.
Llegando a casa, papá me sacó a pasear antes de que se oscureciera, volví, comí y ellos tomaron su merienda llamada once. Se acostaron temprano pues hacía mucho frío, pero yo aún estaba con ganas de jugar y me resistí a entrar al cuarto pero finalmente cedí, con una condición interna de desvelar a mamá como a las dos y media, pues ahora emito sonidos especiales que manipulan a falta de miradas, que en la oscuridad no se ven, para que viniera a transcribir mis peripecias. Mi papá está durmiendo mientras mamá escribe tras limpiar mis gracias hechas en el baño y ahora también duermo yo. ¡Vida de perros!
Hoy, este día lunes, hizo mucho frío. Como 3 grados bajos cero. Mi mamá no fue capaz de bajarme al pípí y tuvo que hacerlo el papá. Cuando mamá tendía mis paños en el balcón, salí a acompañarla como siempre, en todo lo que hace, pero no fui capi de aguantar el frío y mi lealtad y compañía llegó hasta ahí nomás y por mi cara debe haber sido, al pronunciar un “brrr” perruno, mi mamá se mató de la risa. Buena cosa, porque como anoche no la dejé dormir, el día de hoy estuvo medio aburrido con su cara de estresada y sin ganas de jugar.
¿A qué nos dedicamos hoy? Mamá estuvo buscando antiguos juguetes en su baúl, que yo me comedí a romper de una buena vez. El ratón pitudo se me escapó, pero para la próxima, sin falta lo hago añicos. El Pluto quedó sin cola y sin una pata… Hay algo que no sé si me gusta o no me gusta, pero me provoca cosas y es cuando mamá habla por teléfono. No es común, pero cada vez que pasa, me dan ganas de molestarla, morderla, salir a la calle, hacerme pipí, etc. Hoy, mientras hablaba fui a llamarle la atención varias veces y no me hizo caso. Pretende programar mis pipís para que estemos más organizados, pero no le resulta, porque me encanta jugar con los trapos de esa escoba mientras limpia las gracias acuosas que hago. Bueno, no me hacía caso con nada, así que fui a su baño, tomé la punta del papel higiénico y pasé delante sus ojos como caballito de parada militar… con mucho garbo y alegoría urológica… hasta que me vio y aunque me pareció verle cara de risa, me retó con un fuerte NO. Bueno, ella se perdió la foto… Aunque a la maldad le tomó igual. Como mis días equivalen a semanas, al rato ya estaba tierna conmigo y me puso cremita en las patitas secas de ex perrito pobre y callejero, mientras tomaba el rico sol que nos vino a sonreír después de mucho frío. Me quedé dormido de gusto. También me puso remedio en mi cuellito estropeado en mi pasado lejano y cuando me dormí comenzó a reparar el arnés, pues no lo fue a cambiar por otro más pequeñito. Lo dejó mucho más firme y ajustado para que mi papá pudiera pasearme seguro.
Mamá no es de la idea de que yo coma azúcar ni otros productos industrializados, así que pura onda experimento de sabores me convidó, para probar nada más, de la súper rica torta que hizo.
Las otras novedades del día de hoy, son que aprendí a correr mi cama a donde se vaya mi mamá. También, que tengo el piso para la historia y que al llegar con mi papá tomé del agua asquerosa del edificio, que más parece experimento de tubo de ensayo con explosivos y todo. ¿Cómo? Porque un secreto que le puso mi papá más un secreto que le puso mi mamá la dejaron tragable.
Nuevamente nos acostaremos temprano. Ojalá que a las dos de la mañana no me den ganas de jugar de nuevo, para que mi mamá no se enoje.
La otra noche me porté como un príncipe. No molesté para nada y dormimos de corrido, amaneciendo todos de buenas pulgas. Sin embargo… por la tarde me porté harto malulo frente a la visita que recibió mamá. Pese a que ella no me sacaba el ojo de encima, en cada pestañada yo las hacía… y en grande.
Al medio día me sacaron a correr por el sol hacia una plazoleta chiquita como yo, que tenía muchas flores preciosas que yo quise oler una a una, pero llegué solamente hasta unas veinte. Mamá jugó conmigo en un tobogán, vimos cachorros humanos y corriendo de vuelta, parece que mamá me ganó en eso de “marcar territorio”. Francamente, pensé que las hembras no lo hacían. De vuelta, no quise entrar a la casa y me llegó otro NO muy fuerte, del cual me vengaría unos minutos más tarde. Así, durante la visita de la amiga de mamá, con la cual no pudo hilar conversación alguna por dedicarse a mi crianza, comí papel higiénico usado, hice pipí en las dos piezas que me faltaba probar y me negué rotundamente a obedecer delante de otras personas. Extrañé mucho a mi papá, así que en cuanto llegó me volvió el alma al cuerpo. Cuando bajamos a dejar a la amiga de mi mamá, aproveché de hacer otro pipí y dormí toda la noche de nuevo. Creo que mamá me tiene un poco confundido con aquello de NO y luego me acaricia. Veremos cómo lo solucionamos. Hoy será un nuevo día de aprendizaje.
El jueves viene mi hermana humana a aprender a hacer la torta. Por último, no recuerdo que me hubieran tomado fotos ayer.
Bueno, sí me habían tomado fotos y grabado videos. Este miércoles fue un buen día en todo sentido. El ambiente climático estaba hermoso, con mucho sol calentito y mi mamá, a quien vi muy cansada de limpiar mi pipí y lavar los paños que mojo, se entusiasmó con el día y me sacó varias veces en premio por haberme hecho solamente una vez de las 16 de los otros días. También estaba preocupada porque no había obrado y de seguro que fue por la leche Nido transgénica que me echó a perder la guatita. Nunca más. Hoy vi cómo sería en blanco y negro en un cachorro de mi misma edad. Negro el pelaje y blancos los colmillos que me mostró y que me asustaron. También vi a otras chicas perrunas muy bonitas. En una de las salidas con mamá, comiendo pasto me atraganté una, dos y a la tercera no podía respirar. Menos mal que la mamá es relajada para este tipo de accidentes y me apretó la guatita, pero nada con el diafragma perruno, así que mejor optó de inmediato por tomarme sorpresivamente de las patas traseras con mi cabeza colgada de un solo movimiento. Adiós al atoramiento con pasto. Me porté muy bien, todo salió bien y me siento bien. Mamá, incluso, pudo trabajar un buen rato y hasta durmió al sol con el poco de estrés que tenía acumulado. Cuando llegó el papá fuimos los tres a comprar verduras. Mi hermana humana suspendió el compromiso de vernos y así mi mami puede seguir educándome una semana entera. Hoy me tomaron fotos muy bonitas con mis poses elegidas para enfrentarme a mis amigos perros. También me pidieron permiso para tomarme una foto cuando fuimos a la plazoleta de las flores. Por fin hice mis necesidades cafecitas y mis papás quedaron tranquilos. ¡Amor de padres!
Mañana, mamá intentará llevarme en su bici a practicar paseo. Como ya peso bastante, se ve un poco difícil, aparte de que ella no es muy experta en el asunto de cicletear, pero hoy, de pronto se vio muy encerrada en la casa por no poder ir a ningún lado a entregar sus trabajos por causa de un perrito que veo en el espejo a cada rato.
Hoy jueves intenté demostrarle a mamá que no todo lo que dice Internet es verdadero. Por ahí la escuché decir que los perros JAMÁS harán sus necesidades donde comen y donde duermen, a no ser que estén encerrados. Yo me hice pipí a dos centímetros de mi plato y jugando con mamá, me hice en mi mismísima cama y hasta ahí llegó su cara de felicidad. Sin embargo, le hice recordar antiguos días, en que hacía todo para sus hijitos humanos. Así que lueguito la vi feliz haciéndome una cama nueva blandita como una nube de fantasía y linda ya que la forró con una ex polera de mi papá. Quedó linda, sin embargo tan esponjosa, que al subirme me caigo, así que decidí usar un par de cojines como quien dice, para una camita de dos plazas. Al menos, mi mamá se rió mucho con mis movimientos chistosos.
Como toda la tarde estuvo pendiente de mí, se dio cuenta de que quería salir… y aprovechó de probar qué tal sería con bici. Ella no es muy docta en el tema, pero… es mi madre y qué le voy a hacer. Si llega a volar de nuevo, como me han dicho que lo hace en bici… supongo que tendré que volar con ella. Bueno, salimos a un paseo corto a un lugar donde recogió ramitas para adornar sus artesanías.
Me refaccionaron mi pelota de calcetines y me he divertido grandemente con ella. No tengo más novedades que ser feliz y demostrarlo. Amo a mis papis y ellos me aman a mí.
Mañana cumpliré una se
Hoy viernes, en una hora más cumpliré toda una semana con mis papis humanos. Hemos tenido mucho sueño, porque anoche me acomodaron la cama nueva y les demostré con mi humor negro, que me quedaba chica y mi mamá se reía como loca. Se habrá bajado unas 6 veces durante la noche para acomodarme en mi cama, que definitivamente no me sirvió. Hoy amaneció frío, pero igual me sacó mi papá con lluvia y mi mamá con día nublado.
Tengo una nueva cama verde, hecha con un saco de dormir, que me encantó. Es muy grande y tiene cobertor para mi cuerpito. Tengo un video para demostrar lo inteligente que soy a pesar de lo chiquito. Y no hay grandes novedades, solamente que sigo siendo feliz, que me porto mejor porque ya entiendo más como son las cosas, lo cual también hace feliz a mi mamá y a mi papá, que no recibe acusaciones de su hijo maldadoso. El domingo estoy invitado al cumpleaños del cachorro de mi hermana humana. Mañana estaremos todos muy ocupados en casa. Ahora les contaré cosas a la semana y no a diario.
No compren perritos, adopten. Somos tan buenos animales si nos dan una oportunidad…
¡Feliz semana a mí! ¡Feliz semana a mí… ¡
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