Dedicado a mi amado doctor, que fuera como un padre para mí, don Abel Vieira Volpi (Q.E.P.D.)
¡Treinta años! Le parecía que había sido ayer cuando estuvo en los juegos mecánicos del Parque Cousiño... (Parque O'Higgins de hoy)
Disfrutaba como una niña pensando que quizás pasaría mucho tiempo antes de volver a montarse en montañas rusas y cosas por el estilo, un vicio que a los veintiún años y ya madre de dos niños, la perseguía. Ni siquiera le parecía incompatible con su último antojo: un gigante plato de ravioles a la italiana...
Muy de mañana y tras hacer unas últimas compras, arreglada hermosamente con un vestido rojo maternal, mini y sexy que ella misma se había confeccionado, al sentir las contracciones cada 15 minutos partió a la clínica donde daría a luz a este tercer hijo. En esos entonces, se ignoraba el sexo del que estaba por nacer, por lo cual, las madres hacendosas de entonces multiplicaban los ajuares en rosa, celeste y blanco, todo hecho en casa y a mano. Para la decoración externa, cuna y otros, de gran ayuda le fue el gran y perfecto regalo que hacían pocos días, en que con motivo de la llegada de la primavera, su madre le había regalado su propia herramienta mágica: la máquina de coser eléctrica.Los proyectos le fluyeron por millones.
- Buenos días... (la clínica)
- Buenos días señorita, necesito que llame al doctor Vieira.
- ¿Para qué sería? Se encuentra fuera de la Clínica.
- Porque vengo a tener mi guagua.
- ¡Jajaja! Pase ahí por favor, le avisaré cuando me comunique.
- Por favor rápido, que siento que ya viene, que ya está colocada en posición...
- ¡No, señora, no se preocupe...! ¡Estas cosas no son así... de fáciles! Concluyó la mujer, con algo de ironía.
La muchacha, aún con cara de colegiala, respiraba profundo según sus dos recientes experiencias de maternidad, claro está, ignoradas por las asistentas circunstanciales. De pronto fue atendida con la colocación de una especie de suero y las palabras supuestamente consoladoras: “con esto se van a detener las contracciones... no se preocupe”.
- ¡Pero si yo ya voy a tener la guagua... ya debería haberla tenido hace diez días...!!!!
- ¡Jajaja! No, mijita. ¿De dónde saca eso? (Intentando retirarse sin prestar atención)
- ¿Llamaron al doctor Vieira? Insistió la muchacha levantando la voz.
- ¡Todavía no, ya le dijeron que no le toca turno hoy! (Respondía la asistente alejándose disgustada).
- ¡Pero si vengo a...! ¡Mire! ¡Aquí viene mi guagua! (Gritaba)
- ¡Pero señora! Volvió molesta la asistenta. Si para eso le pusieron ese medicamento, para parar las contracciones y tenga su guaguita cuando corresponde.
- ¡Señora, señora! Se asustó la muchacha. ¡Llame al doctor por favor, que se me está saliendo la guagua...
- ¡Ay! Estese quieta... ¿No ve que se le salió el "bicho"? (horrible nombre que se le daba al catéter por donde inyectaban sin necesidad de buscar la vena cada vez) Voy a llamar a la matrona para que la examine... ¿Ya? Le respondió con sonrisa hipócrita de simpatía.
Mientras la muchacha respiraba profundo para evitar el dolor de las contracciones, la encargada salió de la habitación para siempre. Tras un largo tiempo pasó la matrona de turno revisando a aquella mujeres en la sala de pre-partos. Cuando llega a la chiquilla, ésta bastante agotada de forzar la respiración, le dijo resignada y lo más compuesta posible:
- Que por favor llamen al doctor Vieira, que mi guagua se está saliendo...
La matrona examina el suero y se da cuenta de que se había desprendido de la vía venosa y que con el líquido disperso se había formado una gran protuberancia en la piel de la muchacha. Líquido que detendría las contracciones, si es que se dirigía por la vena. Mientras una empleada solucionaba dicho error, la profesional se prestaba a revisar a la seudo parturienta, comprobando con gran escándalo, que efectivamente la guagua ya estaba saliendo.
- ¡Por Dios! ¡¡¡Esta señora está con trabajo de parto!!!!
- Eso les estoy diciendo desde que llegué...
- ¡Urgente, a pabellón! ¿Quién es su médico?
- El doctor Vieira... Desde que llegué, muy temprano... hace como dos horas... que estoy pidiendo que lo llamen...
- ¡Por Dios, miren! ¡Ya empezó el parto! ¡Inyecten 200 ml de "nnnnn"” y 500 ml de...!
Nombraba medicamentos en términos puramente químicos, que logicamente la chiquilla no comprendía y que eran para detener en cierta forma el proceso.
- ¿Llamaron al doctor? Insistió la chica.
- Sí, ya viene en camino y mientras, nosotras la vamos a preparar para cuando llegue... no se preocupe, mi amor...
La llegada del doctor pareció haber estado muy retrasada, sin embargo para la fe que la muchacha le tenía, bien valía la pena realizar la espera con tranquilidad. Se veía preocupación en el ambiente y al llegar el médico, éste le advirtió:
- Como se aceleró bastante el proceso, no va a haber tiempo de anestesiarte... así que tendrás que ser bien valiente...
Según la costumbre, la muchacha se entregaba por completo a los cuidados del médico y comenzó a observar con mucho cuidado todo lo que hacían para sacar su guagua, que desde muy temprano pugnaba por salir. Tras un par de horas... el médico continuaba con su doble labor... de ginecólogo obstetra y respetuoso relator:
- Oye, mijita, esta guagua se está portando mal y no ha querido salir todavía... así que te vamos a aplicar una maquinita, que nos ayudará a sacarla... Así que tranquilita...
- ¿Forcept?
- ¡No! Eso noooo... Esto no le hace ningún daño a tu guaguita... Es para ayudarla porque está muy pegada a la matriz, pierde fuerza y produce contracciones muy débiles... Esto la succionará.
Pasa el tiempo y la muchacha es sacudida por largos y eternos minutos, como por un tiburón que pretendía aspirar todo su ser de una sola bocanada. Era el tal VACUMM. Una simple aspiradora de guaguas. Luego de varios intentos por fin nace una guagua azul y callada. El médico ya no relata... y la muchacha se impacienta...
- ¿Qué es? ¿Por qué no llora?
- Es una niña... ¡Oye! ¡Denle una buena palmada a esa guagua para que llore! Gritó el doctor hacia el lugar donde limpiaban a la recién nacida “pitufa”, como la bautizaron los paramédicos por tener el color de las caricaturas.
- ¿Por qué llora tanto? ¿Por qué le dicen pitufa? Exclamó la madre.
- Mira, está de ese color porque se anduvo asfixiando donde se hacía de rogar para salir... Y llora porque... ¡Oye! ¡Ya no le peguen más...! ¡Ya está bueno! Bromeó el doctor, mientras se acercaba el especialista en guaguas, para según lo estilado por Vieira, relatar lo sucedido:
- Mira, Primavera. Tu guagua tuvo problemas de asfixia y por eso ese color azul grisáceo, que poco a poco se le irá quitando. Ahora, la cabecita observará una forma alargada por causa del Vacumm, pero yo vendré todos los días a controlarla y masajeársela, para dejarla tan linda como la madre. ¿OK?
- Ya. Dijo la recién parturienta consolada dulcemente en su llanto.
El neonatólogo cumplió y a los pocos días le dejaba una forma de cabecita envidia de las más bellas modelos. El color azul desapareció y tras treinta años del evento, alguien muy cercano a ella, desea que renazcan en ella aquellas fuerzas por vivir y trastocar las cosas que van mal, con buena disposición.
Primavera Silva Monge
2 de Octubre 2005
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