miércoles, 23 de marzo de 2016

¡Las mujeres al poder!

..Y también a la creación y más desarrollo de la carrera de diseño industrial con proyectos de mujeres para mujeres y hombres y que la arquitectura esté orientada a la humanidad, especialmente para las familias de clase media y baja.



Mientras se espera que con una mujer en la Cartera del Trabajo se avance en los asuntos laborales que nos atañen (aunque sabemos que el horno no está para bollos), con mi hermana descansamos de nuestros propios quehaceres domésticos y laborales como incipientes empresarias, yendo la una a la casa de la otra, flojeando alternadamente, para inventarnos un ambiente de vacaciones.

Las dos tenemos vocación de “dueña de casa”, que por años y años, viene corriendo por nuestra oculta genética, sin que, necesariamente, alguien se preocupara de desarrollarnos tales habilidades. Así que, en estos cinco pasados días, nos propusimos jugar a la visitas, como una forma de descanso… Total, para eso están hechas las cosas para el hogar, para hacer aseo y otras funciones  con ropa bonita, voz de princesa y sonrisa eterna, flotando por los aires y esperando que se aparezca (pa’callao, como corresponde) algún mister músculo o  semejante fantasía… ¡Para seguir jugando, obvio!

Como somos humanas, en más de una oportunidad nos entró publicidad engañosa por la parte tonta de la oreja, haciéndonos creer que realmente hay casas, productos, instrumentos y herramientas “especialmente diseñadas para ti, mujer”. Con ese convencimiento en el mate, más lata nos dio comprobar que a la hora de diseñar y fabricar productos domésticos, partiendo por las casas mismas, lo menos presente en los proyectos, son: la comodidad, facilidad o casi magia con que nos presentan las cosas para una “ama de casa que sabe”. ¡Las güifas!

Para empezar, quisimos sacudir rapidito para aprovechar el primer día: La primera frustración fue tratar de abrir una escalera doméstica tipo tijera, dentro de un hogar de diseño antifamiliar, donde no caben más cosas que la utilería de una casa piloto. El ángulo de barrida o apertura de la escalera en posición firme, no fue posible conocer dentro del departamento, como se vio en la tienda que las vendía. Inútil. Nos subimos a una silla de cuatro patas y limpiamos los libros a puros soplidos, porque el plumero, fuera de dejar suvenires entre página y página, botaba cada cosa de adorno que se encontraba en su camino plumífero.  Por otra parte, el guante de fibra, que se supone cumple la misma función, aparte de no absorber la suciedad entre sus tejidos maternales como se indica, es tan gordo que bota las cosas de igual manera, aunque con mayor propiedad y sentimiento de culpa para la mano directora que contiene, o sea, la nuestra. Para cortar el cuento, resolvimos hacerlo a la antigua, con pañito amarillo no más.

En esta aventura seguía la barrida: La escoba de largos filamentos, salpicaba la tierra de este lado, para el lado contrario, haciendo que con ese carácter lúdico que nos caracteriza, aprovecháramos de improvisar un tenis de suelo, cuya pelotas se disolvían una y otra vez en nuevas partículas de polvo, para que luego, la contraparte las reuniera mediante otra escoba de filamentos cortos, que aunque no arrastraba casi nada, tampoco esparcía tanto. Así que cuando nos aburrimos de este juego, procedimos a usar una monona pala que se puede doblar para ser guardada en un espacio pequeño. ¡Bieeen! Aunque nunca se estire para usarla, porque cuando se barre hacia ella, en un rapto de timidez o de jugarreta, pareciera hacer un “¡Oooosoooo!”  cerrándose automáticamente para no recibir el polvo reunido con tanto afán y ejercicio aeróbico de superficie en superficie de muebles y objetos, mediante los mencionados guantes, plumeros y paños amarillos.

Venía la limpiada y trapeada de la cocina, baños y terraza: Esta parte se veía muy entretenida, pues el trapeador trae una vasija plástica dentro de la cual hay una especie de colador contra el que debe apretarse la parte de género mojado, como quien hace un torniquete, para quitarle el agua sobrante.  Hasta ahí todo bien… y si el producto líquido huele rico, aunque no dure mucho el efecto aromático, estupendo. Se pone el trapeador sobre la zona que deseas limpiar y es lo mismo, exactamente lo mismo, que se quisiera trapear con un sólo dedo o paño pegado a un bastón. La parte que ejercería la presión sobre el piso no tiene ninguna base que cubra superficie alguna. Es nada más que un palo con largos trapos colgando y punto. Mejor nos salía agacharnos en cuatro patas y  omitiendo los dolores artrósicos, trapear con la mano, que cubre una superficie más razonable y manejable.

En realidad, sí que nos veíamos felices como en los avisos de la tele… Pero muertas de la risa criticando los estúpidos diseños de cero utilidad con que nos pagan la fidelidad a las marcas… porque hablo de muy conocidas marcas en todos los productos.

Ya agotadas de pasarlo tan bien como “amas de casa”, a la ducha se ha dicho, lugar al que habría que entrar con lentes, con lupa, una palanca o un cuchillo cartonero y una tijera si éste no resulta con las manos mojadas. En primer lugar, porque no se sabe cuál es el champú y cuál es el bálsamo, ya que estos distintivos, tienen unas letras chiquitiiitas chiquititas. Cuando ya se identifican, debes optar por abrirlos o quedarte con tus uñas intactas. Absolutamente inútiles todos los cierres y etiquetas de las mejores marcas conocidas. Si abrir aquellos envases fue imposible de realizar, se acude a los sobrecitos de champú y bálsamo individual (que dejamos para que los hombres no se gasten el frasco de una vez)  cuyas etiquetas son igualmente inútiles, peros supuestamente llevan un lado por donde uno puede atracar los dientes para abrirlos. ¡Pero no! Con las manos mojadas y los dientes resbalosos de baba rabiosa, ya no se puede…  Bueno, mi hermana se lavó el pelo con algo raro que encontró a tientas  y en mi turno opté por echármelo todo junto y terminar de una vez con las réplicas publicitarias:  “Para que luzcas un cabello sedoso, brillante y todos los hombres se den vuelta para verte…” ( ¡...Hacer el ridículo con el pelo tieso!)

Bueno, por suerte nos llegó la hora de preparar comida y ahí pudimos darnos cuenta de otras ventajas… para los industriales inescrupulosos.

Los paquetes de tallarines no se abren sin que los acompañe un grito de Tarzán cabreado por el impedimento. Pero existe un eventual logro, que baja a la mitad las calorías por consumir, pues estas quedaron esparcidas por  el suelo, traducidas en variados tamaños de tallarines crudos tras los muebles inmuebles de la cocina. Lo mismo el queso rallado, lo mismo la salsa de tomates… lo mismo todo, incluyendo el corte de la toalla de papel, que te regala tres hojas seguidas o puros pichintunes, conformando un rompecabezas que de absorbente... ¡No tiene nada!   

Al momento del té, el papelito aferrado a la bolsita, cual lactante a la teta de su madre, nos obligó a saborear té con sabor a cartón. Era eso o tragarse las hojas de té molido proveniente de la bolsa rota con la separación.

Me salto el relato de la preparación de los postres y ensaladas, pues da para muchos caracteres censurables.

¡Con razón ya nadie quiere quedarse trabajando en la casa!!!!!

Primavera Silva Monge
marzo 2011
PD: aprovecho de dar mis condolencias a las mujeres en el Día Internacional, el próximo 8 de marzo

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