miércoles, 23 de marzo de 2016

Televisión, clonación, franquicias y preguntas sin respuesta

Con todo lo que ha acontecido en Chile y el mundo en los últimos 12 meses, partiendo por el terremoto bicentenario y la reciente alerta de Tsunami como  últimos amenazados en la fila de la angustiante espera, he quedado un poco desadaptada, como fuera de onda o algo así. No sé si acaso me estará afectando la baja de voltaje (por racionamiento nacional) como medida precautoria debido a la escasez de agua, la cuestión es que me cuesta bastante levantar la cabeza por estos días. El bajón me ha puesto tan ociosa, que nuevamente he caído en mi vicio de observadora social y necesariamente en consumista de televisión, ya que no salgo ni a la esquina. Si me dejara llevar por las últimas reflexiones... no resistiría en este mundo cruel, porque debo decir, que hasta pesadillas tengo.
De tanto mirar y mirar desde afuera, veo a la gente común, a veces llamada "normal" y me doy cuenta de que cada día es más insensible y desconfiada. A mí me encanta cuando encuentro gente nueva y agradable en el camino. Tiendo a entregarle todo mi yo, con pasado, presente y destellos de futuro en favor de una clara y sólida amistad. Pero, todo eso llega solamente al ojo de buey de cada corazón, pues ya nadie cree en la amistad y menos en la entrega de buenas a primera. Así que cuando alguien realmente se da con naturalidad, hago fiesta interna, aparte de procurar ni hablarles para no romper el encanto. Entonces tampoco sirve, porque igual es estar desconectado. Todo esto entre las pocas relaciones que se procura uno que sale muy de vez en cuando a integrarse con otros.
Por otro lado, está la gente más pública, la que se observa por televisión: No puedo creer que nadie sea capaz de hablar bien de la gente vigente. ¡Cómo va a ser posible, que los vivos no tengamos nada destacable como para que nos lo digan mientras podemos escuchar! ¿Quién le dio tanta validez a los reconocimientos póstumos? ¿Consuelo para familiares y deudos?  No siempre fue la familia o las amistades quienes hicieron méritos para que dichas personas “desaparecidas” fueran lo bueno, que recién después de la muerte, destacan y describen los apasionados necrófilos.
A propósito de familia, hoy por hoy, en mi sociedad chilena, está toda desapegada y desajustada: Ya no parece haber un núcleo donde concentrarse. No hay un sistema tipo solar que los agrupe alrededor de algo que valga la pena, un hogar para retroalimentarse emocionalmente. Para aunar a las familias, aunque sea por unas horas, solamente van quedando los matrimonios  y los funerales.
Si observamos otros intentos de núcleos, me parece que la política está siendo una chacota de mal gusto. Ni siquiera aparenta ser un juego intelectual entretenido. Los que están afuera hablan y destacan lo peor de los de adentro y para el otro turno lo mismo: Los de afuera, de nuevo hablan mal de los de adentro. Con tanto enredo y azuzamiento por parte de los partidos y ciertas redes sociales influyentes, de pronto se confunden y los de adentro pelean con los de adentro, los de afuera con los de afuera y ya nadie entiende nada. Los politiqueros y oportunistas descarados, han trapeado con el arte de gobernar. Han ensuciado siglos de estudios políticos, sociológicos y filosóficos. Mientras la sociedad sigue involucionando cada día más y más.
Como seres sociales nos preocupamos, con razón, por la amenaza de extinsión, tanto de cierta flora como de cierta fauna; por la falta de aire puro; por los recursos naturales como el agua, etc. No nos hemos preguntado: ¿Qué pasará el día de mañana  cuando le pregunten a un joven, qué es la familia? ¿Qué es la sociedad? ¿Qué es la cultura? ¿Qué es la educación? ¿Qué es la ética? ¿Qué es la humanidad? ¿Qué es el sexo y la reproducción? ¿Qué es el cuerpo humano? ¿Qué es la salud? ¿Qué es el respeto? ¿Qué es un hogar? Las respuestas, quizás sean transcritas mediante caritas tristes o de interrogación, pues ya ni siquiera nos va quedando lenguaje puro o, por lo menos,  coherente.  
Encender la televisión, es un recurso verdaderamente enajenante: Antiguamente, recuerdo que me molestaba mucho cuando hablaban de "las guerras" de las teleseries. Ahora aquello es un chiste blanco, pues la televisión toda, se ha convertido en un circo romano. Cualquier canal te muestra cómo se sacan los ojos los unos con los otros, ya sea en un reallity, en un talk show  o en una competencia artística.  ¿Cómo es posible que Gonzalo Bertrán no haya dejado un gen loco por ahí, que le siga la huella? ¿Por qué, en un país tan creativo como el nuestro, hay que comprar o arrendar “franquicias” como le llaman al plagio legitimado de programas televisivos? ¿Por qué, si de mil personas seleccionadas, dejan a seis excelentes artistas… deben botar a cuatro de ellos a la basura, si eran estupendos? Si no son espermios y los programas distan bastante de ser la sagrada concepción. 
Anoche, como hacía mucho tiempo, no disfrutaba de un espectáculo. Eran todos imitadores, que en la primera audición cantaron EXACTAMENTE igual a sus imitados. Excelente para los televidentes, sin embargo, para el siguiente paso les agregaron tanto aderezo, que la voz (lo más difícil de lograr imitar)  quedaba en segundo plano, toda aplastada entre pestañas postizas, tacones, rellenos, trajes absurdos y bailes innecesarios.
Me habría gustado ver, si acaso a Pavarotti, Adamo, Raphael, etc. los hubiesen disfrazado con almohadillas y ropajes absurdos y posteriormente los hubiesen lanzado al escenario a cantar. ¿Les habría resultado? ¡Qué carajo! Le sirven a uno un postre y lo agrian con llanto de impotencia compartida con los postulantes.
En el programa del que hago mención (“Mi nombre es”) aparte de la estupenda Tina Turner, también escuché cantar a Sandro y Barry White entre otros, sin embargo, los descalificaron absolutamente. Es decir, fuera y para nunca más. Mientras por otro lado, para los leones menos ambiciosos, otorgaron pantalla a una pobre señora, claramente para ridiculizarla con maquillaje y vestuario grotescos, pues no tenía voz ni conocimiento musical alguno y sólo imitaba sonidos como lo haría una mascota entrenada. ¡Qué absurda maldad! Y se sorprenden del bullying en los colegios.
¿Por qué no inventan un programa en que se presenten todos estos estupendos cantantes y den placer a la sintonía sin necesidad de que tengan que sacarse los ojos entre ellos?  ¿Por qué no aprovechan el dinero para crear más programas donde se puedan lucir los artistas? Por último, si la competencia es necesaria… ¿Qué tal un festival, solamente de imitadores?
La otra semana, dejaron fuera a un chico que tenía el mismo timbre de voz de  Chayanne, que además cantaba lindo y era simpático… ¿Por qué? Porque no pudo bailar y cantar a la vez. Igual que el estupendo doble de Sandro de esta semana. ¿Acaso buscan clones? Si esa es la nota, significa que a la pequeña “Madonna” de nueve años, que quedó seleccionada… ¿La harían ejercer bailes eróticos y de paso exponer sus incipientes pechos con provocaciones sexuales al público? ¡No, pues! Entonces, claramente, la selección no está siendo justa de manera alguna.
Afortunadamente, ayer dejaron clasificado a un niño que cantaba muy bien y  aunque difícilmente pueda imitar a un adulto, sus  interpretaciones las hace perfectamente iguales a su imitado. Sin embargo, como ya dije, en la segunda presentación,  con la absurda exigencia del baile, se restó calidad a la interpretación musical.
Por último, toda esta lucha es infructuosa, porque finalmente… ¿Dónde se van a lucir bailando? ¿Dónde, en realidad, se van a lucir cantando?  
Primavera Silva Monge

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