Una esperanza negra
No es fácil hacerse el desentendido con esta enfermedad. Uno, aunque no quiera y no deba, conserva un permanente temor al interior, pero...
Mi abuela materna y mi mamá murieron de cáncer. Cuando me llegó a mí, lo tomé con mucha filosofía. Me llegó una sabiduría súbita para afrontarlo en buena onda. Tenía a mis hijos chicos y NUNCA acepté la idea de que moriría, pese a haber llegado a tener metástasis. Esto hace ya casi veinte años (ahora casi 30 años)
Me decía el médico, que mi seguridad impregnó a todo el equipo. Cuando mi doctor de cabecera, Abel Vieira Volpi (q.e.p.d.) me operó, tenía cerca de 90 años y ya le temblaban las manos, sin embargo, su mirada ayudó a que yo viera a Dios obrando dentro de Él. Lo sucedido fue muy hermoso y romántico, aunque la marca del zorro, como cicatriz en mi guata, sólo haya sido obra del temblor de sus manitas generosas.
Yo sólo esperaba (y espero) cosas buenas de Dios y para nada se me pasaba por la mente, la duda si acaso saldría de este pozo. ¡A pesar de la experiencia con mi abuelita y mi mamá!
No me acerqué a nadie pesimista. Si alguien venía con cara de pena a verme... se transformaba al ver, que a mi alrededor las cosas no habían cambiado y que el ambiente era tan alegre y festivo como siempre. Estaba claro que estaba viviendo una fuerte y exclusiva experiencia y la iba a vivir de la forma más entretenida posible.
Afortunadamente, para mi hija, éste fue el modelo a seguir para tales circunstancias. Lo adoptó muy bien hace un par de años, asumiéndolo con mucha calma, sin sentirse amenazada, saliendo adelante sin polvo ni paja. Ese signo de respeto sí que estuvo bien bueno...
A veces, se cae en la trampa de la autocompasión y de la compasión ajena, porque es rico ser protagonista y rico ser mimado, pero el ver que la gente llora por uno, debilita las fuerzas y no ayuda a luchar.
No diré que yo no lloré, pero... ¡UNA sola vez! :D
Estaba con el doctor, quien lleno de rodeos trataba de explicarme lo que tenía, como hablándole a una chiquilina de 6 años. Le pregunté muy entusiasta si acaso tenía cáncer y él, sorprendido y temeroso me dijo que sí, como esperando mi reacción con una especie de red de circo, que no era más que su gran amor por mí. Le respondí con verdadera buena onda: "¡Bien! ¡¡Vamos a ver cómo salimos de esto los dos!!!"
Luego, cuando llamé a una amiga para contarle de los resultados, lloró tanto, que me hizo reaccionar como cualquiera sin fe y lloré, lloré, lloré y lloré. Por única vez y durante una media hora. Fue lógico. Me contagiaron de tristeza. ¡Pasa hasta con los dibujos animados...!
Ese fue todo mi llanto y aquí estoy, con lo que la vida me tenía deparada: Mis hijos ya grandes con 11 nietos a mi haber. ¡Y qué nietos! Los adoro. Lejos son lo mejor que me ha pasado en la nueva vida.
Ese fue todo mi llanto y aquí estoy, con lo que la vida me tenía deparada: Mis hijos ya grandes con 11 nietos a mi haber. ¡Y qué nietos! Los adoro. Lejos son lo mejor que me ha pasado en la nueva vida.
Haberme sanado, no es mi obra y no me jacto de ello. Doy gracias a Dios, porque entre los dones con que me mandó a este mundo, está la confianza diaria y constante en Él.
Eso se puede aprender también. pero no de la manera en que se hacen ejercicios abdominales. En esos casos, la gente, por no ver resultados inmediatos, deja de hacerlos.
Como decía, la fe en la oración o en otras palabras, en el diálogo y protección de Dios, se aprende. Mi papá me lo enseñó. Siempre destacaba las obras de Dios en nuestra vida: Para empezar, el amanecer, las frutas, las semillas generosas en multiplicar los frutos, la luz, los colores, la bondad...
Uno no debería acercarse a Dios solamente cuando tiene problemas, porque se carecería de la costumbre en la comunicación y desesperaría no saber si acaso está escuchando o no. Luego se empieza con la tonta duda y se termina reprochándole todas las cosas que salen malas.
Dios nos da las herramientas y la libertad de usarlas a nuestro antojo. Nosotros, con la fe debemos ponerlas a trabajar, como lo haría un hipnotista concentrado en la levitación de su afectado, esperando siempre buenos resultados.
Por esa razón, es recomendable hablar con Él a diario, en cualquier lugar y de cualquier cosa. Por ahí, algunos dicen que pasan cosas horribles en el mundo como para que Dios escuche nuestras estupideces.... ¡Malo! Porque...
¿Qué es la Omnipotencia de Dios entonces?
No podemos medir a Dios con nuestras huinchas de modista o reglas de ingeniería.
En mi caso particular, lo hablo todo con Él (el único que me aguanta.... ¡Jajaja!) Por ejemplo: Acerca de mis plantas, del almuerzo, de la actualidad... Como una loca, pero loca feliz. Con los años, me he dado cuenta de Su sentido del humor y me siento muy cómoda con Él en todas partes. Incluso si estoy en el baño y me duele la guata (barriga) le pregunto si acaso se fijó en lo que comí. Si voy saliendo a algo importante y me da diarrea, por ejemplo... ¡Qué inoportuno! Le pregunto juguetonamente por qué me está reteniendo. Y a veces me da risa lo obvio que se muestra mediante sus jugarretas... Cuando ya voy en camino, descubro la respuesta: Un choque, un atropello.... un asalto... un cierre en mal estado (cremallera)... en fin.
Si se pudiera convidar la fe, lo haría con todo mi corazón, pero no es fácil, porque la gente que la ve a una tan loca, termina rechazándola por no entender.
No ando hablando de Dios todo el día, aunque me lo vivo a concho, porque para eso es mío, ya que me lo encontré desde muy chica y ya es mi mejor amigo... ¡Sin duda alguna...!
Esto es tan sólo un testimonio para quien lo quiera escuchar (leer).
Primavera Silva Monge
2006/2016
2006/2016
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