miércoles, 23 de marzo de 2016

Matrimonio Chilensis

(Tramitación matrimonial de dos ex estudiantes: Él del Liceo Murialdo, ella del Instituto Nacional y ambos de la carrera de Derecho de la Universidad Finis Terrae) 
Casarse por el Civil en Chile
Tras la llegada de la ansiada Ley de Divorcio en Chile, atrasada en varios lustros respecto a nuestros hermanos americanos, con una visión alarmista se temía por parte de los contrarios a las autoridades gubernamentales, que no hubiera más matrimonios en Chile, lo cual supuestamente provocaría una gran crisis en la sociedad chilena  a partir de la falta de familias, núcleo de la misma. 

Acá vengo a desmentir lo anteriormente dicho o especulado por miles de chilenos:
En estos días, vivo dos situaciones relacionadas, que son: El divorcio de unos amigos y el matrimonio de alguien muy cercano.
Para el divorcio, los abogados se pelean los casos, de los cuales no hay muchos por mes. Para el matrimonio, en abril se otorgaba hora de trámite para septiembre. Como gran emergencia, en julio, a no ser, que fuera usado el sistema de matrimonio a domicilio, lo cual tiene dos costos adicionales: uno por el matrimonio en sí y otro para el traslado del Oficial Civil, suma que siempre será grande cuando se trata de gastos inesperados y forzados.
Para lograr una hora se debe ser apto para andar  “comprando huevos”, como reza un antiguo juego que consistía en desviar a un comprador por las cuatro esquinas establecidas y que en ninguna había lo que precisaba comprar.
La Región Metropolitana es muy amplia. En el centro de Santiago, donde se han casado mis hijos y yo misma un par de veces, no existe esa cosa que espera quien se casa por primera vez, aquella sensación de estar haciendo algo lindo, algo bueno y que vale la pena grabar en la mente. No hay “onda” como diría un joven de hoy. Al contrario, es de una pesadez que no se quita ni con sal de frutas.
En todo caso, la ceremonia completa consta de tres partes, para las cuales hay que asistir en comitiva: novios y testigos, tres días diferentes, con los consabidos permisos de sus respectivas oficinas, todo lo cual quizás sea aceptable de comprender por parte de los patrones de los novios, pero casi incomprensible para los empleadores de los testigos, que dicen: “bueno, se atiene a las labores para las cuales fue contratado o se dedica a ser testigo".
Para la primera cita, un poco distinta en cada una de las oficinas de Registro Civil, se precisan fotocopias de los carnés de identidad de los testigos y uno de los novios llevará el carné en vivo del ausente para solicitar la hora para casarse. En otra parte deben acudir los dos novios y las copias de los carnés de los testigos. Diferentemente es la otra opción según oficinas de Registro Civil y no electiva por parte de los usuarios: Deben asistir los cuatro involucrados a esta primera parte. En ocasiones, la segunda parte puede ser el mismo día de la pedida de hora o el de la ceremonia oficial del casamiento. Esta sección es la llamada “Manifestación de Testigos”, que en el fondo es la acreditación de los datos personales de los cuatro y constatar por parte de los testigos, que juegan un improvisado rol de psiquiatras al establecer a su juicio,  el buen estado de salud mental de los novios. Una vez dado este segundo paso, se espera la tercera etapa, el matrimonio en sí, que puede ser el mismo día de dicha Manifestación o uno diferente, que fija el Registro Civil en ese momento.
Los matrimonios en el centro de Santiago, tanto en oficinas como domicilios, son un tanto desabridos, rutinarios y algo sin ese sentido especial que se espera de esta solemne ceremonia tan importante no solamente para cada cual, sino para la sociedad entera. Creo tener cierta autoridad o experiencia en el rubro, tras algunos anteriores matrimonios personales y otros tantos de índole familiar. No recuerdo haber sentido esa “cosita” agradable, que indicara que las cosas van bien., que se va por buen camino.

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