En este día tan hermoso (para la parte buena de la humanidad) cuyos números de calendario suman 33, también hacen treinta y tres años que partió mi madre de este mundo, quien como buena terca de sangre española, no se dejó morir el día de la raza y sólo se fue una vez que pasó aquella medianoche, durante la madrugada del 13 de octubre de 1977.
Hoy, con este recuerdo de muerte y pérdida, me consuelo 33 años posteriores, con el asombroso y múltiple parto de otra madre generosa, nuestra Madre Tierra, que sin aparentes dolores, ha ido pariendo uno a uno, a los treinta y tres mineros que degustó y nutrió por más de sesenta días, para devolverlos desde sus entrañas, con renovadas y pulidas cualidades envidiables para muchos de nosotros.
Las lágrimas y otras demostraciones de afecto, han marcado una jornada emocional en el mundo entero, complaciéndonos además, con el sentir afectuoso por parte de nuestros hermanos de los otros continentes, que se han unido a nuestra larga vigilia de amor universal.
Gracias a Dios por este ejemplar milagro de Fe.
Primavera Silva Monge
13 octubre 2010
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