Dentro de las actividades en las vacaciones de invierno de mis nietos, estuvo el revisar antiguas fotografías, ya no en roñosos álbumes de la abuela (¡Que no soy vieja, eh!) sino en el PC portátil. Entre las fotografías, estaban unas muy antiguas de la protectora de animales. Fotos que por un lado denunciaban los malos actos de los encargados de cuidar los animales, como otras que graficaban gran parte de lo sucedido hace ya dos años. Esto es, denuncias de los vecinos, rescate de animales, ofertas de adopción, etc. finiquitando todo con el cierre de la protectora que no protegía.
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¡Cuántos años soportando con impotencia, el llanto de los perros descuidados y maltratados! ¡Cuántas veces ser testigos oculares de la mala administración de los terrenos destinados para proteger animales en abandono! Durante un tiempo, la sección más amplia asignada para cobijar caballos, burros, etc. fue claramente usada como estacionamiento de autos del vecindario.
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En otra época, por un túnel de salida a la protectora, se procedió a desvalijar completamente la propiedad adyacente, en claro abandono, que pertenece quién sabe a quién, que no se ha preocupado de la madera podrida ubicada dentro de su propiedad, permitiendo el desarrollo de potentes nidos de termitas que amenazan al sector.
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Todo lo anterior, incluyendo maniobras de venta clandestina de perros, sucedía hace varios años, culminando por suerte, con una especie de clausura de la mal llamada protectora.
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Hoy, está pasando algo extraño cerca de las mismas dependencias y se ha fotografiado por si se repiten actos similares a los anteriores.
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En menos de una semana y por lo menos un par de veces, frente al enmohecido portón de la difunta "Sociedad Protectora de Animales Benjamín Vicuña Mackenna" hemos visto abandonados perros y gatos, como en los peores tiempos de la nombrada sociedad. Como no podía creer que la gente no se acordara de la ruindad, del caos y la maldad que se protagonizó en aquel lugar, le comenté a mi marido: "Para mí, que estos animales los manda dejar alguien con malicia, como para crear una necesidad de alojamiento a animales vagos".
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¡Que curioso que los actos sean repetitivos, porque no es una calle ni un lugar muy concurrido como para que se imiten y contagien las personas unas con otras en sus actos. Al contrario, actualmente es como un callejón sin salida.
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Para colmo, el recién pasado viernes 30, en la madrugada y algo desvelada, miraba la neblina profunda que avanzaba dentro de mi departamento. Olvidando los grados bajo cero, salí al balcón para fotografiar la neblina, pero nada podía verse. Sin embargo, no dejó de sorprenderme el visualizar luz en la ex protectora. Me puse a pensar... dos años sin funcionar, sin regar los árboles ni nada... ¿Habrán pagado la cuenta de la luz? ¿O según las malas costumbres, se habrán "colgado" del bolsillo de todos para trabajar ilegítimamente en algo que precisaba ser de madrugada?


En cuanto clareó el alba, observé por si hubieran introducido animales a la mala... y justamente, vi perros, gatos y mucho desorden de papeles, etc. Tanto, que llegué a creer en un robo o algo similar. Más tarde, una mujer con delantal blanco... una ambulancia, gente distinta que entraba saltando por arriba de la reja. ¿¿¿???
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En fin. No llamé a carabineros, porque al final, es uno el que queda siendo objeto de entrevistas e implicaciones y los otros salen ilesos. En Facebook escribí una nota a todos los que se dicen protectores de los animales y nadie me habló. Así son las cosas siempre.
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En todo caso, hubo mucha, demasiada gente, implicada durante más de una semana, para solucionar el caos de diciembre 2008. Así, estuvieron involucrados Carabineros de Chile, Receptores Judiciales, Investigaciones de Chile, la Ilustre Municipalidad de Santiago, Bomberos de Chile, médicos veterinarios, televisión, famosos veterinarios y profesores de zoología, la Comisión Nacional del Medio Ambiente, protectores innatos de los animales, estudiantes de medicina veterinaria (que trabajaron día, noche y madrugada para cuidar a los enfermitos) fabricantes de alimento para animales, la Escuela Veterinaria de la Universidad Mayor, más mucha gente buena gente anónima y algunas personas malas, que en la maratónica jornada de adopción solicitaron animales para sí, para luego de un rato, muertos de la risa, los dejaran abandonados en el vecino Parque Los Reyes.
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Se me hace insostenible pensar siquiera en que se repita el mal cuento, por lo que espero de todo corazón, que este relato llegue a oídos de quienes tienen en sus manos darle solución y que éste no sea otro comienzo de un mal final para nuestros animales sin hogar ni protección.
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Más fotografías de lo expuesto
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Primavera Silva Monge
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